Pensemos en crecer

Por Clr. Sandra Hamú del Equipo de Encontrar

Las palabras pueden ayudarnos o bien desalentarnos.  Los recuerdos que conservamos de nuestra infancia están marcados por las palabras con las que nuestros padres, maestros, amigos o referentes  nombraron lo que sucedía o sucedió. De hecho, hoy en día nos recordamos a nosotros mismos con los adjetivos con los que nos definían mamá o papá, o esa persona significativa que creía un ídolo, dejándonos una huella para siempre, por ejemplo: “yo era muy llorón” (en lugar de comprender la soledad y el aislamiento en el que vivíamos), “yo era buenísima” (en lugar de describir la obligación de satisfacer a una madre infantil), “yo era pésima en la escuela” (en lugar de reconocer que nadie registraba nuestras dificultades) “vos siempre igual”, “nunca lo hagas”. Así es como se organizó quién soy. Y así muchas veces despreciamos nuestras percepciones, intuiciones y  sensaciones personales, creyendo todo lo que el otro -sea quién sea ese “otro”- afirme con énfasis.

Dejá salir a tu voz interior

                                                  Dejá salir a tu voz interior

Luego, somos muchos los individuos que seguimos “corrientes de pensamiento” basados en opiniones ajenas muy discutibles, que no siempre tienen mucho sustento teórico. Que hay que  ponerse la ropa de moda para tener status social o bien no ponérsela para marcarnos como rebeldes, tener celular para estar comunicados como si hubieran desaparecido los teléfonos públicos de la faz de la tierra, los “…” son así o asa como si pudiéramos saber como se viven vidas ajenas, vacunarse para no contagiarse las gripes … por nombrar sólo algunas opiniones tomadas como “verdades” , y que desde este punto de vista son sólo opiniones que no siempre tienen que ver con uno mismo.

Sin título

Claro que para pensar con autonomía, hay que estar dispuestos a pagar el precio de la “no pertenencia” o la suficiente fuerza y confianza en uno mismo para defender una forma de percibir al mundo, y hasta la capacidad de aceptar que es una percepción. Hacerse cargo. Saber que cada decisión u opinión que  tengamos sobre una u otra cosa nos hará responsables de la misma. Al fin de cuentas, si aún estamos emocionalmente inmaduros, elegiremos creer lo que sea o hacer cualquier cosa, con tal de “ser parte” del grupo. Pero si en lugar de creer cualquier cosa ciegamente, maduramos,  lo reconocemos  y sabemos que la verdad reside en nuestro interior, entonces asumiremos un pensamiento autónomo y libre. Ese pensamieto que nos dará la convicción de sernos fieles a nuestros sentimientos y a la vez responsables por nosotros y los otros.

Crecer implica ponerse anteojos propios, creer y sostener; es vivir según nuestra forma a veces difícil pero siempre descubriendo nuestro máximo potencial.

 

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