La escucha atenta

Por Clr. Sandra Hamú del Equipo de Encontrar

Oír y escuchar no son lo mismo. La capacidad orgánica dista bastante de la intención de interesarnos por lo que otro necesita comunicar. ¿Cómo estimular una escucha atenta?

Cuando somos pequeños nos gusta que alguien decodifique nuestro llanto, nuestras primeras palabras a media lengua o simplemente (como si eso fuera fácil) le ponga nombre a lo que sentimos:

– ¿Te golpeaste?

– (asentimos con la cabeza) mmm

– ¿Te duele?

–Sí

-¿Querés que te ayude? Vení, te lavo… (y upa y abrazo) ¿Ahora estás mejor…?

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Y, ¿Cómo no estarlo? Alguien nos escuchó y nos ayudó a expresar lo que sentíamos.  Alguien trata de entender.  Alguien que comienza a ser una persona importante para nosotros no solo por lo que dice sino por lo que hace. Sus valores empezamos a hacerlos nuestros, cómo mirar y escuchar a nuestro alrededor, y sobre todo nuestro interior y relaciones con otros.

Después llegan las primeras instancias de socialización. El jardín, la escuela, donde no solo siguen agregando palabras a nuestro mundo para poder nombrarlo sino que empezamos a escuchar de otros grandes, tal vez tan importantes como los de nuestra casa, y es necesario que esta escucha sea atentamente para que podamos dar cuenta de lo aptos que somos para esta sociedad, pudiendo decir quiénes somos, que queremos y qué nos pasa. Porque de alguna manera  todo esto va a ponernos un “cartelito” que nos acompañará, a menos que hagamos algo para cambiarlo al reconocerlo, en nuestro andar por la vida: nos definiremos como fantasioso, creativa, aburrida, brillante, tímida, intelectual, orgulloso,…

Pero también se da un juego raro entre lo que decimos y lo que nos dicen, lo que oímos y lo que escuchamos. A veces creemos decirlo o escucharlo, o verlo, y otras estamos tan seguros de lo que sucede que no  damos lugar a la duda o no nos permitimos dudar. Siempre   se puede preguntar si entendimos correctamente.

comunicacion

Con la adolescencia  creemos que nadie ve ni escucha como nosotros. Solo los “como nosotros”  entienden las cosas de la forma en que nosotros lo hacemos. No queremos preguntas y tampoco silencios. Queremos que alguien oiga telepáticamente pero que no se me meta en nuestras vidas, ir y venir con el cartelito o sin él. Reafirmando o camuflando, probando o intentando salir del molde. Y si alguien nos escucha atentamente puede que esto sea más fácil y otra vez nos ayude a  poner palabras a lo que nos pasa…- ¿Estás triste? ¿Frustrado? ¿Enojada? ¿Cómo puedo ayudarte?

Y finalmente nos convertimos en adultos. Como podemos. Como aprendimos. Como soñamos o como nos salió. Algunos seguimos acumulando cartelitos por elección, por necesidad o vaya uno a saber por qué. Algunos formamos pareja familia, círculos sociales y otros no, preferimos la soledad.

De algo estoy segura, todos necesitamos alguien que nos escuche, nos mire, y le ponga atención a esto que nos pasa que es nada más ni nada menos que la vida, la que tenemos…alguien que no nos sume cartelitos impuestos, alguien que amorosamente algún día en algún lugar nos haga upa y nos abrace y nos pregunte cómo puedo ayudarnos… Dios, un libro, un gesto, otra persona, un maestro, un terapeuta, un amigo, que escuche atentamente eso que tengo para decir.

¿A vos qué o quién te hace sentir escuchado?

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